¡Oh, oh , oh, oh… Sorpresa!

Os voy a contar una historia que sucedió hace muchos años por Navidad…
Aquella noche… Comenzó diciendo Christi, varios de aquellos chicos ya la habían calificado de soltera excéntrica. Por lo que entre ellos cruzaron miradas y sonrisas burlonas.
Sin que nadie supiese ni sospechase que en realidad, la única protagonista de aquella historia fue ella misma.
Pronunciando aquella frase de introducción a lo que les iba a contar, se dio la vuelta, los miró a los ojos y comenzó a relatar.

Aquella era una noche fría, Denis convencía a su madre para que se acostase, pues su novia quería pasarla junto a él.
-Mamá, va a ser su primera noche conmigo, no seas cabezota y para cuando yo venga con ella, que estés ya en la cama.

Convencido de que lo haría de aquel modo, tomó su gabán, calzó bien su gorro de lana y salió de la casa, cerrando la puerta con llave.
Estaba nevando por lo que prefirió ir dando un paseo, con su madre enferma era raro el día que podía salir y mucho menos de noche. No sabía cómo había podido conocer a esa chica, con la que ya llevaba tres meses de relación. Hoy por fin en una velada tan tradicional le presentaría a su madre. Juntos los tres abrirían los regalos que probablemente les dejaría Santa Claus mientras cenaban. Sacó las manos de los bolsillos y se las llevó a la cabeza…
-¡Los regalos! Exclamó y volviendo sobre sus pasos, regreso a casa, abrió la puerta y muy enojado le gritó a su madre…
-¡Todavía estás ahí! Te lo dije, mamá, acuéstate.
-Aunque bien pensado a ella le gustará conocerte.
Denis siguió hablando con su madre, mientras le arreglaba la mantita que llevaba en las piernas. Dejando los regalos de las dos mujeres de su vida debajo del árbol. Ya estaba nervioso y fue a cerrar la puerta de atrás…
-Así mamá, no te muevas, luego yo te daré las pastillas, vuelvo enseguida.

Esta segunda vez cuando salió de casa la nevada era más copiosa y cogió el coche, mientras lo abría miró hacia la ventana viendo a su madre tras el cristal que como siempre y obedeciendo a su hijo de allí no se movía.
Al llegar a casa de su prometida Denis se llevó una gran sorpresa. La joven estaba indispuesta, le dijo que tenía fiebre y que no podría ir con él. Que iría en la mañana y que entonces le daría su regalo. Un poco desmoralizado regresó al vehículo, lo puso en marcha y salió, mientras esta vez la que lo observaba desde la ventana era ella, pero sin él darse cuenta.
Ahí comenzaron las preguntas a Christi por parte de los que escuchaban.
-¿Era mentira que estaba enferma, se había cansado de él?
-¿Estaba con otro, verdad Christi?
Cada uno daba su versión de los hechos, esperando que la respuesta que diese fuese la de ellos. Todos querían tener razón en lo que alegaban, pero ahora saldrían de dudas, Christi, cruzó su rebeca sobre sí misma y un escalofrío recorrió su cuerpo. Hasta tal punto que tembló y lo apreciaron algunos de sus alumnos.
-¿Qué ocurre profe?
-Nada chicos, me dio frío.
Pero la verdad era que Christi, no había hecho bien en recordar como cada año hacía el desenlace de aquella historia…
Nada de lo que os imagináis es, chicos, ninguno lleváis razón, ni estaba con otro ni se había cansado de él. Al contrarío la joven muchacha en el momento que vio que arrancaba el coche, fue derecha a su armario ropero a sacar el disfraz.
-Ya lo entiendo, dijeron.
-No entendéis nada, dejarme y no me interrumpáis o vais a quedaros sin conocer el final.
Los jóvenes se miraron entre ellos y encogiéndose de hombros o levantando las cejas, quedaron mudos hasta el final del cuento. Aquel que ninguno sabía que era verídico.
Denis entró en casa con una gran seriedad, apenas echó cuenta de su madre, puso la cena en la mesa, cenó y sin recoger nada, se sentó en el sofá. Le daba vueltas a lo que había pasado y le reflexionaba a su madre de esta forma: Mamá no te preocupes, ella no es como las demás, verás, le vas a gustar, ha dicho que vendrá por la mañana…
Poco a poco Denis iba hablando más pausadamente hasta quedarse dormido, en aquel momento se escuchó la puerta de detrás…
-¿Cómo puede ser si él la había cerrado? Preguntaron
-No fue así, estaba tan nervioso que la abrió en lugar de cerrarla, dijo Christi.
Y por ahí fue por donde entró ella vestida de Santa Claus. Portando un saco con los regalos de Denis y de su madre.
Entró en el salón con tanta cautela que no despertó a ninguno de los dos, y gritó: ¡Oh, oh, oh, oh… Sorpresa!
Siendo ella la más sorprendida, cuando Denis despertó de golpe, se levantó dándole la vuelta al balancín de su madre cadavérica y diciéndole feliz y contento…
-Ves mamá ha venido
-Mira que guapa es
-Ella no es como las demás.

©Adelina GN

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LAS ENSOMBRECIDAS MANOS DEL PASILLO

Las sienes encanecidas le hacían parecer más mayor, sostenía un libro que apenas podía ojear. Pasaba las hojas y sus temblorosas manos iban autómatas acercando sus dedos para humedecerlos. Había sido una devoradora de lectura, una apasionada del tema de misterio. Su género literario favorito, tanto para escribir como para ser leído.

Pronto estará aquí, se decía, ella me leerá. Refiriéndose con aquel pensamiento, a su sobrina Irene. Hija de la hija de su prima Angelines, recientemente fallecida.

Era obvio que la joven llevaba su sangre, pues había heredado su amor por las letras. Varios premios en su corta carrera le habían sido concedidos, ahora se acercaba a su tía, grande también entre las escritoras famosas de antaño, para formarse en el tema que la llamada como ella tenía: el misterio, la intriga, el suspense. Una experiencia de años que la consagró como la diosa y erudita del género a lo misterioso y difícil de resolver.

Irene con casi noventa años ya hacía una década que no escribía y apenas podía leer, su movilidad era casi nula, pero se había negado a ir a una residencia. Ni por asomo se le podía mencionar el que abandonase su casa, aquel que fue su hogar, decía ella siempre, quería custodiarlo hasta su final. Demasiados recuerdos la ataban a la casa, y no todos habían sido buenos. Los primeros años, su incomprendida afición a las letras fue causa de disgustos familiares, que comenzó a subsanar pasados varios años. Provocando tal inestabilidad familiar, que después de la muerte repentina de sus padres, su hermano abandonó el lugar. A partir de entonces comenzó a publicar, sus éxitos se sucedían, eran periódicos, casi tan asiduos como sus maridos. Un total de siete fueron contabilizados en el registro civil de aquel pueblo, un escondido lugar donde las preguntas no formaban parte de sus vidas. Parecía que no importaba, si alguien llegaba o se marchaba, para sus vecinos, era la escritora y nadie se atrevía a poner en tela de juicio nada de lo que ocurría allí. Irene daba prestigio al pueblo, ahora sus éxitos formaban parte de su pasado e Irene, su sobrina, quería aumentar el suyo haciendo que su tía la dejase continuar su última y exitosa novela de misterio, diez años atrás editada con un exitoso triunfo. Titulada con mucho fundamento “ Las ensombrecidas manos del pasillo”

Pudiese ser que la afamada escritora, no lograse que su tía le revelase la fuente de inspiración que la llevó a escribir con tanta fiabilidad su última obra. Aquella basada en un misterioso asesino que escondía sus crímenes, tapiando a sus victimas en el ensombrecido pasillo.

Adelina GN

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ESPECTRO

Eran muchas las ocasiones en las que Enora, había tenido en sus manos aquellas entradas, pero siempre por prescripción facultativa las tuvo que regalar.

Voy a explicar con ese ápice de brevedad que me caracteriza (no es cierto) qué ocurría y el motivo por el cual, nuestra enfermiza amiga no podía o más bien no debía ir al Parque de Atracciones y mucho menos entrar en el Pasaje del Terror.

Ella entendía que su salud era quebradiza como la de un cristal, que las emociones estaban vetadas. Desde la intervención quirúrgica a corazón abierto a la que fue sometida, Enora sufría de pequeños infartos debidos a las situaciones de penas y alegrías. Por lo que debería llevar una vida tranquila y sin alteraciones, ni físicas, ni emocionales. Pautas que fueron dadas por el doctor en su última revisión.

Enojada con ella misma salió de la consulta, pensando: qué era lo que hacía ahora, si vivía o esperaba a que su órgano vital se encaprichase un día en emocionarse y terminase así con la tontería.

Así que si queréis, podéis preguntaros, qué pensáis al respecto o simplemente os invito a que sigáis leyendo:

Se reflejaban las 07:32 a.m en el radio reloj digital de su mesilla de noche y Enora cantaba feliz…

Vale la pena una vez más…

Pintarse la cara color esperanza… Mirar el futuro con el corazón…

No debo retrasarme, hoy es el día, que ilusión, por fin voy a cumplir mi deseo. Todo aquello se decía camino al trabajo como cualquier otro viernes, pero ella sabía que no era así. Todo dependía de los resultados que surgiesen del pase de atracciones, y para ello quedaban aún unas cuantas horas.

Ya el nombre del pasaje causaba escalofrió ESPECTRO sumado todo al tiempo lluvioso que tuvo la noche caprichosa en mostrar para y con aquella diversión.

Enora enseñó las entradas a la muerte, que la esperaba con la guadaña para que allí las pinchase. Cuándo, un impresionante Igor la miraba fijamente con su ojo deforme. Le pidió que se agachase y en ella colocó un micrófono para que fuese narrando su odisea terrorífica a los que fuera esperaban. El itinerario se hacía individualmente, por lo que su amigo esperó fuera, desde allí escucharía todo lo que aconteciese en aquel lugar de terror psicológico.

Apartando la cortina que la separaba del interior Enora, sintió una ráfaga de viento helado que la dejó tiritando, tapándose la cara avanzaba por aquel laberinto, donde, las manos mugrientas y cadavéricas la jalaban a su paso. Para entonces todo iba bien, sintiendo solamente una pequeña opresión en el pecho que se agudizó cuando el payaso de IT apareció de sopetón delante de su cara. Tuvo que contener la respiración o de lo contrario lanzaría un grito que alarmaría y no quería que aquello pasase, quería que fuese algo más sencillo, más normal tratándose del lugar donde se encontraba. Y siguió paso a paso recorriendo aquellos oscuros pasillos. Su corazón se estaba acelerando demasiado después de entrar en la sala blanca y acolchada, en la que se encontró con una loca que le acariciaba el pelo y le cantaba una canción de cuna. Sus nervios iban cada vez en aumento, su pulso se aceleró por completo. Estaba siendo atacada por unos murciélagos que revoloteaban sobre su cabeza y por mucho que a zarpazos quería quitarlos, por momentos le hacían daño. Pero aquello no debía de importarle, pues era para lo que había ido allí. Comenzaron a empujarla a tirarle sangre por encima, le gritaban, y de nuevo una ráfaga de viento frío dejaba otra vez su rostro petrificado. Ahora allí no se escuchaba nada, todo había quedado en silencio, delante de ella otra sala oscura en la que tenía que entrar. ¿Sería aquel el final? Ella quería que fuese, así que no dudó en apartar el cortinaje que cubría aquella entrada. Ya comenzaba a respirar con dificultad, su boca se secó, y se estaba mareando, sentía que no podía avanzar y se agarró a la tela, cayendo sobre ella la arrancó. Apareciendo delante de sus ojos aquella calavera, un rostro que hizo que su corazón se parase de golpe. Enora dejó de respirar, aquel su último deseo se había cumplido, terminó con la agonía de no poder tener sensaciones. No hubo ningún responsable, la atracción siguió en activo, porque ya se sabe…

Quien por su culpa muere que nadie le llore”

Adelina GN

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Extraño despertar/ Desafíos Literarios/ Erótico

Aquella escena que se avecinaba por los acontecimientos que estaban cercanos a suceder, era muy conocida en el mundo de las infidelidades. Uno de aquellos dos qué se encontraban disfrutando de los placeres del sexo, se sobresaltaba al escuchar entrar la llave en la cerradura o al escuchar un simple “Estoy aquí”.

El cuerpo del delito casi siempre resultaba estar desnudo, y el escondite preferido era aquel armario que dejaba de esconder a la otra parte cuando se salía de él o cuando la ocasión requería una excusa poco ortodoxa e incrédula para el engañado o engañada.

La historia que leeremos ahora no es una historia convencional al uso o por lo menos a mí no me lo parece, no tendremos el típico armario, pero es posible que salgan de él. Igual la infidelidad es sufrida por dos motivos y no por el mero hecho de acostarse o liarse con el mejor amigo del marido o la mejor amiga de la mujer.

Será cuestión de comenzar a escribir y dejar para otro momento los convencionalismos y las normalizadas relaciones que existen en los relatos eróticos. Nos sumergiremos en un total control del orgasmo controlado, del éxtasis producido por el morbo, por explicar cómo puede ser la infidelidad a dos bandas.

Nos situamos: Marga ha ido a visitar a su madre que está delicada, Sergio aprovecha para ver una de esas películas que no da tiempo a verlas terminar. En cualquier caso las retomas después de unos juegos manuales que aprendiste hace años y que sustituyen al sexo cuando alguien o algo, te calentó.

La causalidad se aproxima, sí, no me equivoqué, no hay casualidad sin causa, de ahí mi juego de palabras.

Llaman a la puerta y Sergio vuelve a quedarse a las “puertas” de un goce que no termina de llegar.

Es la vecina del ático, esa joven que lo mismo tiene pareja, cómo qué por la noche se pasea a tirar la basura provocando a quien la contempla con sus transparencias veraniegas, ésas que dejan ver sus pechos duros y bien formados.

Viene pidiendo guerra, se nota a la legua, pero te pide sal, sabe que Marga no está, vi cómo la saludó al salir de casa esta tarde.

No es la primera vez que se me insinúa, pero en otras ocasiones iba con mi mujer y no había tanto peligro, hoy estoy solo y qué hago, la dejo entrar, será mejor, los vecinos nos pueden oír y sería peor.

Estuvimos conversando, al final saqué dulce de membrillo traído del pueblo, imaginé que terminaría comiendo salado al final de la noche. Y así fue, efectivamente, Marí quería plan, no se cortaba, a los pocos minutos de sentarse en el sofá sus piernas se cruzaban insinuantes mostrándome la falta de ropa interior. Me puso cardíaco, no atinaba a poner la copa que me había pedido, mi pulso se aceleraba y ya se me notaba bastante, temía que en aquel momento fuese a llegar Marga, pero no, menos mal que mi suegra la pobre empeoró y dijo que tardaría.

Al sentirme un poco más confiado me relajé y entonces comenzaron las risas, los roces, los besos y al final terminamos en la cama. Marí era tan distinta a Marga que preferí que no me contase nada y descubrirlo por mí mismo.

La desnudé, la cubrí de caricias, investigué cada centímetro de su cuerpo no sabía si aquella ocasión podría volver a suceder, quise disfrutar y disfruté de ella al máximo, pero, éso sí, antes terminamos con la botella de “Chivas” recién empezada, ósea que el colocón fue de primera y se supone que la dormida monumental, ya que al despertar…

Fue un despertar bastante extraño el que tuve amigos, estaba solo, desnudo, pero sin apariencia de haber consumado. Cómo Marí me había dejado allí tirado y aún borracho, qué no le gustaron mis quehaceres sexuales, no sabía que pensar y me levanté. Todo me daba vueltas, y me senté al borde de la cama. El espejo me estaba delatando, mi cara estaba verde y por segundos palidecía, la sensación era de fatiga y de decepción, cómo no me habita dado cuenta, no escuché la cerradura, ni su voz había resonado en mis oídos, pero Marga había vuelto.

Y allí estaban las dos, las vi por el espejo, sus cuerpos se unían de un modo espectacular, sus movimientos eran armoniosos y su silencio… Su pasional mudez en aquel momento provocó la mayor de las erecciones que había tenido y creo que tendré, haciendo en aquellos instantes, que mi problema de eyaculación precoz volviese para siempre.

Deli

Colaboración de Adelina GN https://desafiosliterarios.com/secciones-tematicas/erotica/extrano-despertar/#

DESESPERACIÓN MÉDICA

Agosto, martes, 16 Hs.

La doctora Emily se preparaba para recibir a su primer paciente en su consulta particular oftalmológica, el éxito obtenido con su profesionalidad ya hacía tiempo que habían conseguido el suficiente dinero para su operación.
Pero una llamada aquella tarde cambiaría todo pronóstico…
Su teléfono móvil la avisaba con insistencia de que tenía que contestar, era su médico en Washington.
-Dime George, saludaba Emily cordialmente a su amigo…
No volvió a hablar, se despidió de su interlocutor pronunciando un “de acuerdo”. Mientras se miraba en el espejo y sorbía de aquel humeante café. Allí viéndose reflejada en él, Emily hacía el ademán de dar un puñetazo al ver su rostro deforme, las cicatrices y el parche tapando su ojo derecho, le recordaban aquél fatal accidente.
-Ahora todo tendrá que esperar, hablaba en voz alta…
¡Maldita mi suerte!Tenía que ser ahora cuando se volviesen atrás en la donación…
Su rostro se desencajaba por minutos, la rabia en aquel instante no la dejaba apartar su mano del ojo sano, que casi lastimando manoseaba.
La consulta estaba en la habitación contigua y Emily escuchó como la enfermera le indicaba que había suministrado la anestesia a la paciente para extraerle un cuerpo extraño alojado en el lagrimal.
Una sensación de serenidad se apoderó de ella y pasó a la consulta, allí se encontraba la joven con la que podía conversar mientras se calzaba aquellos guantes de látex. La conversación fue corta, y ya con los utensilios adecuados en las manos, Emily se dirigió a reparar aquel percance sin la mayor importancia en su paciente. Pero antes preguntó a su ayudante…
-¿Qué ojo es el enfermo?
-El derecho doctora, contestó la enfermera…
-De acuerdo, contestó Emily…
Cuando al minuto se escuchó un aterrador grito del que fueron testigos los que estaban en la sala de espera…
Y una sonriente Emily alzaba su trofeo frente a la cara de terror de su ayudante, mientras la paciente gritaba…
¡¡Mi ojo… mi ojo!!

© Adelina GN

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LAS VACACIONES

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Escrito por : Adelina Gimeno Navarro el 20/09/2018

LAS VACACIONES

Nada más poner un pie en casa, comenzó en mí la desesperación. No podía creer que todo había terminado ya, y hasta el año que viene no tendría la oportunidad de volver a disfrutar de aquel joven. Nadie sabe mi vicio o mi entretenimiento, o tal vez desde ahora lo llame terapia, quién sabe lo que haré. Procurar que no se me note será un gran reto, termino siempre igual, con las manos pegadas a mi cuerpo, acariciando allá donde sé que me gusta. Pero Carlo ha dejado una huella enorme en mí. Tanto me ha marcado ese chico, que no dejo de pensar en él y en esos días de ensueño en Ibiza. Sus ojos, su boca, su piel me dejaron prendida del éxtasis, haciendo el calor lo propio y provocando que subiese en mí la temperatura.

Rosa no dejaba de recordar, desde que aterrizó en Madrid y nada más pudo encender el móvil, el primer contacto que buscó fue el suyo, aquella dependencia no era normal, pensando en cada momento, en el bello y experto amante que le resultaba el galán.
Allí estaba sentada en el sofá, tirada como un trapo, con el calor típico de aquellos días de tormenta de verano. Pensando en él y en las vacaciones, en sus caricias, en sus besos…

Ella pensaba que no iba a poder apartarlo de su mente, que ya nada ni nadie podría calmar sus ansias. Debía de pensar, se dijo, qué únicamente fue un afer sin importancia, que no debía de obsesionarse. En ese instante su mano derecha palpaba su seno izquierdo y su otra mano se abría paso entre sus muslos, acariciando con una delicadeza máxima aquella parte de su cuerpo falta de amparo amoroso en aquel momento.

Sintió pasos y sobresaltada intentó darse la vuelta para ver, pero en segundos la agarraron del pelo e hicieron que su nuca quedase reposada en el cabezal del sillón…

-¡¿Así, te gusta?!
-Sí, pero más fuerte

Pregunta y respuesta fueron silenciadas por sus besos, sus caricias no tenían fin y el roce de sus cuerpos les llevaba a sentir un placer sin límites. Aquellos juegos eróticos habían ocurrido muchas veces, Carlo entraba a sabiendas de Rosa en casa, violando su intimidad, mientras ella jugaba con su cuerpo. Él le robaba el protagonismo a sus manos, cargado de envidia irrumpía en casa y con el consentimiento de ella la violaba o mejor dicho, Rosa se dejaba amar de manera violenta.
Ya habían tenido sus vacaciones, ahora tocaba volver a la rutina y para ello los dos necesitaban esa complicidad que hacía que su amor no se estancase en la monotonía.

Así pues y sin mediar palabra, sus cuerpos fingieron no conocerse y a la par iban descubriendo nuevas sensaciones y nuevos placeres que les ofrecía aquel juego erótico.
Su piel lucía desnuda, aún rojiza por aquellas caricias en ocasiones dolorosas, y ahora a pesar del calor Carlo, colocó un cojín tapando su miembro, echando la tela protectora del sillón sobre Rosa, que no dejaba de acariciarse.
Debería de estarse quieta, pensaba él, mientras ella cuando vio su acción le preguntó, obteniendo una inminente respuesta…

-¿Qué no quieres jugar ya?
-¿Qué quieres el desempate?

Y volviendo el acero a su vaina y nunca mejor dicho, volverían a comenzar su particular terapia de pareja.

Deli

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SOBRE DOS, NO SOBRE CUATRO

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En ese instante en el que todo comienza, como es el amanecer, alguien despertaba. Un humilde lecho soportaba sus sueños, dormían, esperando cada día despertar y verlo hecho realidad.

Aquella noche estaba fría, después de cenar Carol y Sergio, se sentaron al calor de la lumbre, charlaban amigablemente con sus compañeros, cuando uno de ellos comenzó a hablar y en aquella terapia de grupo, contó lo que aquel día le había sucedido.

Había estado en el banco, al que él solía ir con anterioridad, estaba dos calles más abajo, al oír hablar a su amigo todos supieron a que cajero se refería. Sabían que Pedro era el gerente de aquella entidad y que siempre se portó muy bien con ellos. Al reconocerlo le había hecho un regalo muy especial, estaba relatando y contaba, que Pedro le había llevado con él. Consiguió que le diese un paseo en su descapotable, lo había acompañado en unas visitas que hizo referentes al banco. Claro está que él no se bajó en ningún momento del vehículo, temía que alguien le viese y pudiese pensar lo que no era.

La pareja escuchaba atenta a Jorge, no se perdían ni una palabra de las que estaba diciendo, como si quisieran aprender para conseguir ellos también el deseado regalo. Pasear sobre cuatro ruedas a pesar de que el viaje durase poco.

Quedaron ellos tres, los demás fueron yéndose cada uno a sus respectivos habitáculos, Carol seguía escuchando, agarrando con sus dos manos el vaso que humeante se llevaba a la boca. Mientras sorbía el reconfortante café, Sergio la convencía para que al día siguiente fueran a ver si ellos también eran los agraciados como lo había sido su amigo.

Bien abrazados paliaban el frío, ya no tardaría en amanecer y aún estaban despiertos, los dos aquella noche padecieron insomnio. La primera en ir al baño fue ella, se quitó el gorro y los guantes que dejaban los dedos al descubierto. Se peinó y aseo un poco, poco era lo que podía acicalar su cuerpo, la maldita situación los había llevado a la mendicidad. Cuando llegó él, la encontró llorando, verla así le rompía el corazón, intentaría por todos los medios que estuviese feliz, irían aquella mañana donde Pedro, y Sergio le pediría que contentase a su depresiva esposa con un paseo en aquel descapotable rojo que tan bien Jorge había descrito.

Cerca del callejón donde vivían entre los cartones, tal y como doblabas la esquina, estaba la cafetería “ByB” el bar bici, al que acudían invitados por su dueño debido a su mala situación económica. El establecimiento estaba muy concurrido siempre, los clientes la mayoría eran ciclistas que aparcaban sus bicicletas en la puerta mientras almorzaban o simplemente tomaban un refresco isotónico que les fortaleciese y montar de nuevo en sus bicis para reanudar su camino.

Aquel sería un día especial para los dos, la casualidad parece que no existe, y a esta se une la causa haciéndola causalidad. A pocos metros de ellos un Pedro ataviado con el equipo completo como para dar la Vuelta Ciclista a España, les saludaba. Los dos correspondieron a su saludo, pensando que no tendrían que ir hasta el banco para encontrarse con él y su descapotable. Y sin saber en que día se encontraban se extrañaban al verlo con aquellas pintas.

Para ellos los días no tenían nombre, no había un lunes ni un viernes ni un domingo que era por excelencia allí y en cualquier ciudad el día de las bicis.

Los primeros en acercarse y entablar conversación fueron los jóvenes, haciendo de sus palabras un interrogatorio de tercer grado. Qué dónde estaba y muchas más fueron aquellas que hicieron que Pedro descubriese las ansias que tenían por montar en su coche.

La primera en mostrar su decepción fue Carol, también era la que estaba más delicada de salud, tantos días entre cuatro cartones y con movilidad nula, no la beneficiaban en nada. Su joven marido aún recorría los supermercados en busca de ese producto estrella pasado de fecha que ya los demás con más recursos no quieren.

Las palabras de Pedro los dejaron un poco fuera de juego, qué harían ahora, nadie en el barrio era tan permisible como lo era él. Pero en fin cada uno hace y deshace a su antojo y con su capa hace un sayo. La confesión del banquero de que había vendido su coche porque gastaba mucho y le estaba dando una vida muy sedentaria, los dejó desilusionados. Argumentaba que hizo un trueque con su otro yo y decidieron moverse a la par, ejercitando cada uno de sus sentidos haciendo uso de la bicicleta y su saludable movimiento, tanto físico como mental.

La pareja no podía decir nada, nada más pensaron que se quedaban sin el paseo a cuatro ruedas que imaginaron tantas veces. Como si de un libro abierto se tratase Pedro leyó en ellos que era más que una simple decepción. Aquellos jóvenes lo habían perdido todo, en aquel momento hasta la ilusión y la esperanza.

Los vio alejarse con decepción y a la vez con enfado, sabía que cuando alguien no es feliz no se muestra tal y como es. De frases motivadoras Pedro sabía bastantes, últimamente le gustaba leer a Lance Amstrong que nos dice también que ganar tiene que ver con el corazón no solo con las piernas…

Apuró aquella bebida refrescante y se montó en su bici desapareciendo del escenario que tanto le había enseñado aquel día.

El domingo pasó, llegando la noche la pareja volvió a sus ilusiones poniéndolas en movimiento al soñar, pero esta vez fue de otra forma. Ya no paseando en un descapotable de cuatro ruedas, si no en una bicicleta, coincidiendo en lo soñado.

Y como los sueños se hacen realidad no hicieron nada más que doblar la esquina y allí estaba, un tándem, regalo de su amigo al que la vida sobre dos ruedas le había cambiado su forma de moverse por ella.

Mi participación en el concurso

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