CONFESIÓN

-Ave María Purísima…
-Sin pecado concebida, contestaría él…
-Pero, no, me respondo a mí misma y comienzo a confesar:
-Lo siento, por no darte las gracias cuando por fin me siento feliz.
-Perdón, por no darme cuenta de que debo confiar en mí.
-Te amo, por ayudarme a no dejar de creer.
-Gracias, por darme fuerza y poder seguir en el camino.
El escondido recoveco en mi corazón, aún está intacto, ahí permanece mi voluntad, que se encamina a un caduco día, en el que mi conciencia se mostrara ante la justicia divina, de la cual olvidamos, que solo nosotros somos quienes debemos dar cuenta de aquello que han sido nuestros actos, por nosotros realizados.
©Adelina GN

CORAZON LIMPIO

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