EL PESO DEL ALMA

Era su canción preferida, la que desde su ausencia escuchaba con asiduidad. Me la llevé conmigo, ella amenizaría el momento en el cementerio. En el día de Todos los Santos, dicen de aquel lugar, que las almas juegan entre los arboles, a merced de que algún gato travieso intente alcanzarlas. Eso quise imaginar, que la suya vendría hoy a casa conmigo, al ver al felino acercarse con su ronroneo a mi lado. No dejé un instante de llorar, de recordar cuantas veces aquel tema sonó para nosotros. El peso del alma, 21 gramos que perdemos a la hora de nuestra muerte.

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SOY CULPABLE

Querida te escribo esta nota porque me siento culpable…
Jamás pensé que pudiese hacer aquello.

Cuándo creí que nadie me veía tomé aquel cuchillo ahora ensangrentado.
Allí mismo en la cocina lo abrí en canal.

De su interior salía la sangre que ensució la herramienta carnicera.
Tendrás que perdonarme amor, pero no lo pude hacer mejor.
Después me ensañe con él, no sabía cómo hacer para no dañarla y le quité la piel.
Sé que me vas a odiar, pero no quiero que así sea.

Espero solucionar este desastre que hice con la pieza de carne que me dejaste para la cena.

Cuando venga de cervecear me pondré a limpiar la cocina.
Posdata: Está en el horno.
¡¡Qué no se queme, cariño!!

©Adelina GN

EL GUERRERO DEL TIEMPO

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Arrastrando su cuerpo una vez de pie caminaba aturdido sobre el fuego. Aquel duelo por conseguir la Caverna de las ascuas había terminado, se sentía ganador, a pesar de que su mano permanecía cubriendo la herida de la flecha que atravesó el escudo, y se clavó en su corazón. Él no lo sabía, pero estaba muerto. La suerte seguía de su parte porque aún habiendo perdido la batalla, le esperaba la vida de allí de donde venía, el futuro. Un lugar tan caldeado por conseguir el poder y del que quiso huir con el artilugio fabricado por él mismo. Continuará…

Adelina GN

 

PRISIONERA POR AMOR

Participación en el reto “Escribir Jugando”

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Irene seguía creyendo en el amor, a pesar de que el día que lo encontró, cruzó para siempre la puerta de plata, así poéticamente, llamaba ella al cambio que conducía al matrimonio. La joven poeta jamás volvería a ser libre. Ahora la única libertad que conocía, consistía en sentarse y mojar su pluma en el tintero, para escribir bellos poemas de amor, haciendo referencia siempre a su vida encarcelada. Siendo aquel el juego del que podía disfrutar en aquella soledad, ese día escribió: Amada libertad traza en el papel tu nombre, para que nunca olvide que un día fui libre.

Adelina GN

AL TACTO

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Se estremecía, aquella rugosidad de sus páginas y su tacto le hacía erizar la piel. Podía sentir de aquel modo, las letras eran su pasión y los libros su amor. Sin duda lo quería, pagaría aquello que le pidiesen, lo compraría, lo leería ¿Me lo envuelve por favor? Sus manos tantean, deposita con cariño el libro en el mostrador y repite… ¿Me lo envuelve por favor? Porque no me lo llevaré sin vestir, si quieren sentir su tacto, braille tendrán que aprender.

Adelina GN

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NO ERA UN JUEGO/Reto Literario/Escribir Jugando

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Desde arriba contemplaba a la perfección un panorama maravilloso, había llegado allí utilizando el puente colgante y no con la intención de deleitarse. Su propósito no era jugar, acercándose demasiado a la barandilla se ponía en peligro. Era lo que quería, inestable emocionalmente e insegura, quiso terminar perdiendo y dio un paso al frente en aquel suelo que se movía al igual que una balanza, metió la mano en el bolsillo, encontrando su dado de la suerte.
Miró expectante al vacío, no era un juego, por lo que cerró fuerte su puño y lo devolvió al interior de su gabán.

Adelina GN

LÁGRIMAS DE DOLOR

Aún con los ojos cerrados y dejando caer su cuerpo con desánimo, sentía como aquellas dos lágrimas caían, dejando mojada la trayectoria vertical que iba desde sus ojos hasta su mentón, para luego sin remedio caerse al vacío… Lo mismo que ocurría cuando la arboleda pereció al fuego controlado para su reproducción, lloraba entonces la secuoya esperando aquel necesario calor que culminaría su germinación.

©Adelina GN

TFGP.