DESAFÍOS LITERARIOS/Nueva sección de temática erótica

Ana Centellas nos va a acercar la nueva literatura erótica a los lectores por medio de esta magnífica plataforma literaria que es Desafíos Literarios. Quien quiera aportar a esta sección, por favor,  que sea literario de verdad,  porque de otro modo no se publicará. Os dejamos con el artículo de Ana Centellas.

Breves pinceladas sobre el erotismo literario

Creo que parece indiscutible que el erotismo forma parte de una de las cualidades esenciales que no puede faltar en nuestras vidas. Ha formado parte, de una u otra manera, de nuestra cultura desde el comienzo de la Humanidad. Y es que todos, hombres y mujeres, terminamos sucumbiendo a los encantos de Eros (discúlpenme, pero no me llevo demasiado bien con Cupido), que representaba en la mitología griega al dios de la lujuria, el amor, la fertilidad y el sexo. Aunque fue más bien Eros el que terminó sucumbiendo a los encantos de Psique, pero… esa es otra historia que bien podemos dejar para otro momento.

El erotismo representa una de las más profundas liberaciones que posee el ser humano. Pero es un término que va mucho más allá del puro placer sexual. De hecho, si nos lanzamos a su búsqueda en el diccionario, encontraremos que en su tercera acepción se define el erotismo como la exaltación del amor físico en el arte. Las primeras representaciones tienen lugar allá por el Paleolítico Superior, cuando las sociedades comienzan a plasmar el sexo en imágenes a través de las pinturas y signos en el interior de las cuevas. Pintura, fotografía, cine… y, por supuesto, literatura, han sido canalizadores del erotismo a lo largo de la historia.

Podemos encontrar alguna referencia de literatura erótica en algunos papiros egipcios, como el llamado Papiro de Turín, pero realmente hasta la Antigua Grecia no hay manifestaciones del género como tal. Podemos encontrar ejemplos en los poemas de Safo de Lesbos o en Lisístrata, del polémico Aristófenes. A lo largo de la historia son numerosas las obras que podríamos encuadrar dentro del género erótico. El libro del buen amor, de Arcipreste de Hita, o La Celestina, de Fernando de Rojas son algunos de los ejemplos de este arte durante la Edad Media. El Marqués de Sade o Leopold von Sacher-Masoch son ejemplos de autores que tuvieron que soportar una fuerte represión sobre sus obras debido a su carga erótica, llegando incluso al encarcelamiento en La Bastilla del primero.

Ya en el siglo XX, la literatura erótica tuvo que luchar con fuerza contra la censura que se contraponía a la creciente liberación sexual de la sociedad. Encontramos numerosos ejemplos de autores consagrados al género, entre los que podríamos destacar Anaïs Nin, Henry Miller, Vladimir Nabokov, Georges Bataille o D.H. Lawrence. Sin embargo, no será hasta el actual siglo XXI cuando se produzca un espectacular apogeo en el género erótico, libre ya de prejuicios y censuras. Que levante la mano quien no haya leído la trilogía de Cincuenta sombras… o al menos lo haya intentado.

Podemos afirmar que la literatura erótica es necesaria por el simple placer que produce su lectura, para provocar, para acercar conocimientos a la sociedad, para hacer la vida más llevadera, pero necesaria al fin y al cabo. Ya lo dijo Vargas-Llosa, sin erotismo no hay gran literatura.

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